domingo, 22 de noviembre de 2009

Alakrana: vergonzoso punto y seguido.

Los desarrapados piratas mahometanos huyen con el botin. Se lo gastaron en prostitutas y drogas.
Una vez más el débil gobierno de ocupación neomarxista ha hecho el más clamoroso de los ridículos institucionales en el desenlace del secuestro del atunero "Alakrana". La rendición ante las exigencias de unos bandidos tercermundistas absolutamente desalmados --el relato del Patrón del atunero es espeluznante-- que están gastando el dinero del rescate, pagado por todos los españoles, en drogas y prostitutas pone de manifiesto la absoluta inutilidad del gobierno para enfrentarse a grandes crisis en las que se ponen en juego los intereses de toda una nación además de conceptos tan elevados como Justicia y Autoridad absolumente desconocidos y pisoteados por el mismo. Los medios del sistema por otra parte apenas han reparado en el sacrilegio cometido por los piratas mahometanos contra una imagen de la Virgen del Carmen, así como tampoco sobre la actitud del proetarra ayuntamiento de Bermeo, que además de solo ondear en su balcón la ikurriña también cuelga del mismo una bandera en favor de ETA (¿dónde está la deslegitimación institucional del terrorismo de la que hablan Ares y Basagoiti?).
Poco después del desenlace del secuestro ya se han intentado nuevos asaltos a barcos españoles. Las medidas aprobadas por el gobierno amparan intereses bastardos, pero no una preocupación sincera por nuestros barcos. Finalmente, pese a que se aseguró que legalmente no era posible, se apobó el embarque de seguridad privada en los barcos. Y la prestación de servicios de seguridad privada se ha concedido a Segur Ibérica. Dicha empresa de seguridad es participada por destacados miembros del PSOE, entre ellos Carmen Romero mujer del ex presidente Felipe González, aunque actualmente se encuentren separados. Dicha empresa es la encargada de la seguridad de casi todas las sedes del PSOE, entre ellas la nacional de la Calle Ferraz en Madrid así como de casi todos los Ministerios desde la llegada del PSOE al poder. Además también trabaja de modo principal con la Generalitat de Cataluña, en manos del PSOE y ERC. Ha protagonizado además no pocos incumplimientos del Convenio Colectivo de Seguridad Privada y de los derechos laborales de sus trabajadores. A los vigilantes además se les ha dado una formación tremendamente deficiente, de solo 72 horas y ni siquiera se les ha exigido la ha dado la Formación Marítima Básica, que es la habilitación mínima que cualquier persona ha de tener para trabajar en la mar y que ofrece conocimientos esenciales antes de embarcarse. Pese a ello los vigilantes han hecho valer de momento su experiencia previa en la Infantería de Marina española o ante situaciones muy difíciles como la escolta en Vascongadas y Navarra para repeler ya tres ataques contra pesqueros vascongados.
La Audiencia Nacional finalmente volverá a dejar sin juzgar a los piratas capturados, malogrando la labor realizada por las Fuerzas Armadas con su detención. Las presiones políticas han impedido se aplique la Ley sobre los piratas que establecia la posibilidad de juzgarlos en España, tal como pedia la Fiscalía.
A los piratas, desde las primeras navegaciones humanas, se les toma o se les hunde. Unos pacifistas de pacotilla no pueden acabar con este multisecular derecho consuetudinario y tradicional que es la ley del mar. Ni se negocia con ellos ni se anda con miramientos. Cuando los piratas ganan, España pierde, y viceversa. La rendición nacional se está celebrando como una gran victoria, no sólo por la vergonzosa exhibición de un Gobierno rendido, sino por una oposición degradada y unos medios de comunicación moralmente envilecidos. Todos celebran la victoria pirata y la derrota española. Lo malo es que la catastrófica gestión política, militar y diplomática del caso Alakrana, que ha culminado con el titular, España se rinde ante los piratas, no es el punto final. Tras la humillación española, la guerra continúa, porque los piratas –por definición situados en frente y fuera de todo derecho y toda ley–, siguen atacando.