viernes, 24 de septiembre de 2010

Los trabajos (o fatigas) de la Esperanza


De profeta de la desgracia fue tildado Jeremías. Condenado y encarcelado por rechazar la falsa parodia del optimismo ideológico de las clases dominantes de su época se opuso a ello con un realismo que, extrayendo las lecciones del pasado en puro alarde de pragmatismo, señaló a lo que conducía la ruptura con la tradición.

“Así dice Yahvé: Paraos en los caminos y mirad; preguntad por los senderos antiguos; ved cual es el camino bueno y andad por él” Jer 6, 16

La doble misión del profeta de Anatot fue la de denunciar la apostasía y la destrucción subsecuente de Israel, y la de anunciar la restauración futura. Con la firmeza y la convicción de su deber moral condena la vana alegría poniendo los ojos en la verdadera esperanza. Válido siempre el criterio del profeta sirvámonos hoy hacer una relectura de su aparente pesimismo para, como él hizo, aprender de la gran maestra que es la Historia y, a su tiempo, transmitir la herencia recibida.

Otro es el tiempo, igual la lucha. Los políticos actuales (con raras excepciones), como lo hicieran los falsos profetas antaño, anuncian y se envanecen de un falso bienestar; hablan de paz cuando hay guerra; engañan alimentando falsas libertades; su afán es el propio lucro mientras conducen a otros a la degeneración; dominan al pueblo mientras lo degradan sin reconocerse responsables de ello con lo que estorban su regeneración moral. Y haciendo uso de una selva mediática a su servicio enredan a aquellos a quienes gobiernan en una catequesis de lo inmoral que empieza por la relajación de las costumbres (moral acomodaticia) para acabar en las mayores abyecciones.

“... a quienes la palabra de Dios acusa de predicar cosas falsas y engañosas son los que, temiendo denunciar los pecados, halagan a los culpables con falsas seguridades y, en lugar de manifestarles sus culpas, enmudecen ante ellos.” Regla Pastoral, San Gregorio Magno.

Es signo de estos tiempos reducir a quien esto denuncia al ostracismo ya que lo que al sistema interesa es el embrutecimiento y la fractura de la dignidad de la persona para así afianzar más su poder. Rota la familia, roto el hogar patrio y envilecido el orden social y político y a merced de los que consideran la religión opio del pueblo, ¿podemos mantenernos en silencio los hijos de la Tradición? ¿Acaso no somos el resto de Israel?

Está claro que se nos quiere llevar o que ya nos han llevado a un desierto moral que no todos perciben. De hecho es más doloroso para quien así lo entiende. Justo como ocurría con Jeremías...

El peso de la tradición nos exige levantar nuestra voz en calles y plazas, incluso aunque tengamos que soportar las burlas y las chanzas del foro. Porque la Esperanza que podemos y debemos transmitir nos obliga.


Gracias a Dios, a la Verdad y a la Justicia no les faltan paladines que las defiendan, aun a costa de su propia salud o de su patrimonio. Y mártires que han dado su testimonio muriendo, asesinados, al grito de “Viva Cristo Rey”.


“Para terminar, hermanos, buscad vuestra fuerza en el Señor y en su invencible poder. Poneos las armas que Dios os da, para poder resistir a las estratagemas del diablo, porque nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso, sino contra los soberanos, autoridades y poderes que dominan este mundo de las tinieblas, contra las fuerzas sobrehumanas y supremas del mal.
Por eso, tomad las armas de Dios para poder resistir en el día fatal y, después de actuar a fondo, mantened las posiciones. Estad firmes, repito: abrochaos el cinturón de la verdad, por coraza poneos la justicia, bien calzados para estar dispuestos a anunciar la noticia de la paz. Y, por supuesto, tened embrazado el escudo de la fe, donde se apagarán las flechas incendiarias del malo. Tomad por casco la salvación y por espada la del Espíritu, es decir, la palabra de Dios.
Al mismo tiempo, con la ayuda del Espíritu, no perdáis ocasión de orar, insistiendo y pidiendo en la oración. Tened vigilias en que oréis con constancia por todo el pueblo santo.” Ef, 6, 10-18

P. de Beira