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domingo, 11 de noviembre de 2012

Por Dios y por España. Por Euscalerría foral y española.


El pasado sábado 27 de octubre de 2012 la carlista vizcaína Pilar Badiola Aldarondo, víctima del terrorismo, intervino en el programa «Una hora en libertad» de Radio Ínter (antigua Radio Intercontinental).

Un testimonio entre tantos cientos de miles de como el nacionalismo sabiniano "vasco" (en puridad antivasco) llevó a cabo una siniestra campaña sistemática y premeditada de exterminio de patriotas vascos, con el consiguiente silencio cobarde y cómplice de esa mayoría no nacionalista de la sociedad vascongada que amedrentada con su silencio ha contribuido a forjar una falsa impresión de la realidad sociológica de Vascongadas y Navarra. Nuestra admirada Pilar pone de manifiesto con absoluta claridad las verdades de un proceso criminal ejecutado como comparsa de la instauración del actual sistema político demoliberal nacido de la Constitución del 78.

ETA acabó con la vida de cientos de vascos "incómodos" para el pactada repartición de las parcelas de poder del aludido sistema. Por eso jamás se pusieron los medios necesarios para acabar con la lacra terrorista que ensangrentaba Vascongadas y toda España: respondía a un macabro reparto de prebendas y sinecuras del juancarlismo. Los separatistas tendrían impunidad en Vascongadas y en Cataluña, las fábricas serían controladas por las mafias sindicales de UGT y CC.OO., la cultura quedaría en manos de la izquierda más soez y degenerada y de la finanza participarían los partidos del pensamiento único del sistema, herederos del caciquismo, la corrupción y el turnismo electoral sobre los que se fue asentando la democracia liberal contra el pueblo español.

En el análisis del exterminio y la diáspora de los patriotas vascos hay que reseñar como primero fueron las amenazas, luego los ataques contra bienes inmuebles y vehículos, y finalmente, los asesinatos. Desde entonces, ETA desplegará su violencia contra aquellos vascos que se sentían lo que eran, es decir, tan vascos como españoles. Al final del proceso, el miedo, consistente y mantenido, atenazó a una sociedad entera. Ese miedo les hizo abrazar, de forma mayoritaria, cualquiera de las variantes del nacionalismo como única forma de sobrevivir. Los asesinados son vascos de estirpe y cuna, vascoparlantes (para algunos incluso el vascuence en alguna de sus diversas variantes es su única lengua) y defensores de la personalidad e identidad de Euscalerria sin incurrir en los errores y delirios del nacionalismo sabiniano. Los terroristas y sus cómplices por contra se nutrían en no pocas ocasiones de chusma desarraigada, delincuentes comunes, quinquis y recién llegados de otras zonas de España e incluso del extranjero. La maldad de los criminales etarras no se detiene en el exterminio físico. Los proetarras son muy propensos a la burla de los muertos, al continuo ataque a las familias de las víctimas y especialmente --fenómeno de indudable inspiración satánica-- al ataque a las tumbas en las que reposan los restos mortales de las víctimas. Es el caso de la de José María Arrizabalaga, destruída hasta en ocho ocasiones.

El proceso había empezado unos años antes. En julio de 1961 ETA intentó hacer descarrilar un tren que conducía a ex combatientes vascos de la Cruzada que venían  de celebrar el XXV aniversario del Alzamiento Nacional. El 14 de agosto de 1968 fue incendiado y destruido el caserío del alcalde de Lazcano. Durante 1969 y 1970 la banda fue prácticamente desarticulada, y los ataques cesaron casi por completo. Pero en 1971 se produjo el  "desembarco" de cientos de militantes (John Sullivan, El nacionalismo vasco radical, Alianza Editorial, 1988), que se agrupaban bajo una escisión de las juventudes del PNV denominada EGI-Batasuna. Se reiniciaron, entonces, las acciones de persecución e intimidación a los vascos que no estaban dispuestos a tragar con los delirios racistas, totalitarios, y más que dudosamente acordes con la realidad histórica e identitaria vasca, de Sabino Arana.

El 29 de noviembre de 1971 era incendiada y destruida la boutique Gurruchaga de San Sebastián. El 10 de diciembre le tocaba al caserío Mainguama de José María Recondo en Urnieta y el 14 de diciembre de 1971 la destrucción llegaba a la droguería de los Arrizabalaga en Ondárroa. La dependienta quedó ciega tras dicho ataque. Estos actos de intimidación constante a los vascos no nacionalistas fueron reivindicados en el mismo comunicado en el que la banda se hizo responsable del secuestro de Lorenzo Zabala Suinaga el 19 de enero de 1972, liberado tres días después. La nueva ETA, formada por los que fueran cachorros del PNV, dejaba claro que serían implacables para conseguir sus fines y enviaba, de paso, un mensaje a determinados sectores de la sociedad vasca. Florencio Domínguez en Las Raíces del Miedo. Euskadi, una sociedad atemorizada (Aguilar, 2003, pág. 22) explica perfectamente el salto cualitativo que suponía el asesinato de Carlos Arguimberri:

  • La extensión del miedo se produce cuando diferentes sectores de la sociedad vasca empiezan a sentir que corren peligro de ser atacados, al igual que les ocurre a otros conciudadanos con los que pueden tener algún grado de identificación. Con el asesinato de Carlos Arguimberri Elorriaga, ETA comienza a atacar a ciudadanos vascos de a pie. Arguimberri representa el principio de una línea de acciones de ETA que se mantendrá de forma ininterrumpida durante una década y que se saldará con la muerte de casi un centenar de personas. Hasta entonces ETA sólo había buscado la muerte de policías, guardias civiles o representantes del poder, como Carrero (...) A partir de 1975, hay civiles que son objetivo directo de ETA. En una primera etapa, que se extiende desde 1975 a 1977, la práctica totalidad de las víctimas son de origen vasco como lo revelan sus apellidos: Arguimberri, Camio, Arregui, Guezala, Albizu, Cortadi, Azpiroz.
Muchos autores no españoles que han escrito sobre ETA o han sido ambiguos y equidistantes, o han caído abiertamente embobados ante la dialéctica de los puños y el tiro en la nuca de la banda. Posiblemente porque no vivieron, como sí lo vivió la investigadora alemana Marianne Heiberg, cómo salió la serpiente del huevo. Heiberg residió entre febrero de 1975 y septiembre de 1976 en Elgueta, pequeña localidad de mil doscientos habitantes. En su tesis doctoral describió el asfixiante clima que se creó contra los vascos no nacionalistas. Muy gráficamente expuso cómo quedaban señaladas ante la sociedad "aquellas personas que, de una manera u otra, quebrantaban las normas del lugar, revelándose como antivascos... el paralelismo entre las acusaciones de chivatazo y las acusaciones de brujería de otras partes del mundo era realmente sorprendente". (Heiberg, Marianne, La formación de la nación vasca. Editorial Arias Montano, Madrid 1991).

Carlos Arguimberri Elorriaga se convirtió, de este modo, en la primera víctima de una locura colectiva que, en el fondo, tenía poco de locura y sí mucho de frío, cruel y despiadado cálculo tendente a conseguir que las zonas rurales quedaran total y absolutamente en manos de los diferentes seguidores de Sabino Arana. Tal vez así nos podemos explicar, más fácilmente, los recientes resultados de Bildu en esas zonas, poniendo de manifiesto hasta qué punto ha tenido éxito la estrategia descrita por Marianne Heiberg y Florencio Domínguez que se inició en los setenta.

En el caso concreto del asesinato de Carlos Arguimberri, ejemplo acabado de este exterminio sistemático, quien más datos ha dado sobre los años previos a su asesinato ha sido el antropólogo Joseba Zulaika, que conoció personalmente a la víctima. Cuenta Zulaika cómo desde los años sesenta una parte de la población de Icíar empezó a involucrarse en actividades nacionalistas, actividades en las que Carlos quedó al margen. Carlos empezó a ser objeto de una agresiva campaña de acoso que desembocó en su asesinato. Previamente al atentado, los jóvenes de la localidad boicotearon una sala de fiestas que había promovido mientras fue concejal en Deva; miembros de un grupo sedicentemente católico elaboraron pintadas en 1972 donde se podía leer "Karlos hil" ("muerte a Carlos"), y la banda terrorista ETA le incendió el autobús antes de asesinarlo (Joseba Zulaika, Violencia vasca. Metáfora y sacramento, Nerea, 1990, citado por Rogelio Alonso, Florencio Domínguez y Marcos García Rey en Vidas Rotas, Espasa, 2010).

Carlos Arguimberri Elorriaga, de 43 años, era un hombre del pueblo, muy trabajador, siempre dispuesto a hacer favores, y muy apreciado por los vecinos, por lo que la noticia de su asesinato produjo una gran conmoción en la comarca. Pertenecía a una familia carlista del barrio de Icíar, en el municipio de Deva. Su padre fue sepulturero, carpintero y cartero, y Carlos había trabajado de zapatero y de conductor de autobús. Fue alcalde pedáneo y concejal del Ayuntamiento de Deva hasta 1974. En el momento de su asesinato Carlos Arguimberri se hallaba especialmente vinculado a la Hermandad de Labradores y Granjeros. Su puesto de alcalde no significaba identificación con el régimen franquista, sino que era un modo de participar en política dentro de la estrategia de oposición doméstica que los carlistas desarrollaron durante este periodo histórico.

Carlos Arguimberri Elorriaga fue el primer carlista vasco asesinado por ETA. El nacionalismo vasco desde su nacimiento había asesinado anteriormente a cientos de carlistas vascos. No sería el último. Además de ellos, militando en otras organizaciones políticas y con militancia pasada y simpatía mantenida por el carlismo encontramos a otros asesinados como Juan María Araluce, Ramón Baglieto, Gregorio Ordóñez o José Javier Múgica.

La presión y el acoso mientras tanto continúa hoy día. Frente a una falsa "normalidad" en las calles de Vascongadas y Navarra los proetarras siguen impunemente manteniendo su acoso e impidiendo una acción política en libertad. No podemos dejar pasar acontecimientos como el reciente ataque a la casa Baleztena en Leiza. Uno más de los muchos acaecidos durante la vigencia del sistema demoliberal, a imitación de los acontecidos contra la misma casa durante la II República.

Las últimas elecciones celebradas en los territorios vascongados suponen por tanto una burla a la representatividad. Incurren en el colmo de las contradicciones cuando recientemente una comisión jurídica reconoció la legalidad del voto de los cientos de miles de vascos desterrados por la campaña de exterminio nacionalista, pero pese a ello no se les ha permitido votar. Por lo tanto de acuerdo con la lógica del sistema, si éste la respetase, la normativa y las circunstancias de sus procesos electorales los convierten en completamente antidemocráticos.

Sin embargo, con democracia o sin ella, los carlistas no podemos aceptar hechos consumados. Y jamás toleraremos la secesión de las Vascongadas ni la anexión de Navarra a un hipotético Estado independiente, liberal y centralista, basado en las mentiras racistas y totalitarias del nacionalismo sabiniano.

martes, 23 de marzo de 2010

A propósito del Museo de Historia del Carlismo de Estella


La inauguración hoy, día 23 de marzo de 2010, del Museo de Historia del Carlismo de Estella impone una serie de necesarias consideraciones sobre su creación y gestión que imponen una serie de cautelas a los carlistas sobre el futuro de dicho Museo.

Por un lado, en un contexto de agresivos ataques a la Historia de España, a través de la nefasta memoria histórica, que como recordaba recientemente S.A.R. Don Sixto de Borbón consiste en la cancelación de la historia a través del falseamiento de la memoria por la ideología, es una buena noticia que se intente preservar el legado del Carlismo frente a los talibán progres. Desde hace años fundaciones y asociaciones de carácter privado y comunitario, con el concurso y la participación del Pueblo Carlista, vienen manteniendo con bastante eficacia dicha legado. Dichas instituciones además gozan de la suficiente independencia para preservar dicho legado sin desvirtuarlo. En el caso actual será una institución de carácter público, esclava de los contextos políticos de cada momento, la que administre dicho legado. Asimismo la irrupción de una institución pública y política sitúa a las instituciones privadas y comunitarias en una situación de debilidad, pues implica que la institución pública puede acaparar más fondos, tanto por su mayor financiación a través de tributos como por gozar de los privilegios inherentes a su carácter de organismo público. En este aspecto concreto se suscita uno de los grandes puntos de la doctrina carlista, en relación a la preeminencia de la sociedad frente a lo público. Con este Museo cabe el riesgo muy cierto de que contrariamente a dicha doctrina se produzca una preeminencia de lo público frente a la sociedad.

Es evidente que la historia de Navarra, y aún los restos de su foralidad que aún hoy subsisten y que son la esencia de Navarra, no puede explicarse sin el Carlismo. Pero paradójicamente una de las grandes maldiciones que viene sufriendo el Carlismo de unos sesenta años a esta parte es la misma limitación del Carlismo a un fenómeno "típicamente navarro", en un reduccionismo folclorista que pretende escamotear el auténtico sentido de una lucha que tiene dimensiones mucho mayores, en última instancia preternaturales. En este sentido la gestión del Museo es muy probable que apunte en ese sentido, con algunas gotas de nefasto progresismo debido a la presencia en su Consejo Consultivo del Partido (anti)Carlista y de grupúsculos cercanos al mismo, que han sido los mayores enemigos de la Santa Causa en los últimos cuarenta años.

Si el Gobierno de Navarra tuviese realmente interés en preservar la historia del Carlismo empezaría por declarar contraria a Fuero la imposición totalitaria de la Ley de Memoria Histórica. Por contra, ya desde antes de la misma empezó el desmantelamiento del legado carlista en Navarra, con ataques tan infames como el perpetrado, en coautoría con el Arzobispado de Pamplona, contra el Monumento de Navarra a los muertos en la Cruzada, desacralizado, desvirtuado, infamado y blasfemado.

Muchas cautelas hay que tener ante el nuevo Museo de Historia del Carlismo de Estella. Los carlistas, a través de la Comunión Tradicionalista, hemos de luchar por el mantenimiento y continuación de nuestro legado, sin mediatizaciones ni componendas y por el triunfo de nuestros ideales por el bien de Dios y la Patria. Ideales que son de máxima actualidad y que han de estar presentes en todas las instituciones. Y no solo en museos, como nuestros enemigos quieren.

miércoles, 21 de octubre de 2009

El liberalismo contra los pueblos. Del navarrismo al necionalismo.


Nos hemos ocupado reiteradas veces de la situación política del Reino de Navarra, tanto porque nos han llegado las oportunas colaboraciones como porque la singularidad de su régimen político, sin ser plenamente foral, aún custodia algunas singularidades del derecho tradicional que hacen que su alteración preocupe a todos los que luchamos por las Españas. Hemos tratado de la traición de UPN a los principios que dicen inspirarla, la defensa de Navarra, y que son la base del sustrato sociológico mayoritario en el Viejo Reyno. En estas continuas ceremonias de confusión el cercano quinto centenario de la victoria de los beamonteses está dando lugar a las más disparatadas dialécticas, como ya pasó hace un siglo. En aquel entonces fue el carlista Víctor Pradera Larumbe, el encargado de enmendar la confusión. En la actualidad además ha irrumpido un elemento nuevo: el nacionalismo sabiniano, especialmente en su versión marxista, posee más fuerza que hace un siglo. Y curiosamente, los que se supone que deben defender Navarra se han aliado en muchas ocasiones con los mayores enemigos de la existencia de Navarra para conmemorar dicho centenario. Así nos encontramos el apoyo institucional a la iniciativa batasunera 1512 Nafarroa bizirik en la que concejales de UPN,, CDN y PSN se han sumado a un demencial manifiesto elaborado en los ayuntamientos de pueblos de las Vascongadas gobernados por ANV y EA. Asimismo esta dialéctica también se ha hecho presente en la exposición titulado De Reyno a Comunidad Foral organizada en el Archivo de Navarra en lo referente a los hechos de 1512, aparte de la total omisión de las guerras carlistas y de la Cruzada, Precisamente UPN es uno de los principales enemigos de la Cruzada con la devastación, acompañada de no pocas complicidades eclesiales, de todo símbolo de la misma.

UPN ha claudicado y ha modificado el foralismo por un mero autonomismo estatutario protonacionalista. Así se diseñó esa calamidad constitucionalista del Estado de las Autonomias, en una carrera por la depredación cainita y el invento de hechos diferenciales. Navarra hoy en día ha sido conducida a ser un actor más de este espectáculo, haciéndola virar los políticos insensatos entre el panvasquismo y el antivasquismo, todo por un premeditado desapego de su genuina identidad histórica.

Navarra que llaman “corazón de España”, la antigua Vasconia o tierra de vascones, montañeses de tenaz apego a su independencia. Tierra de hayedos, pinabetes, rocas que vieron pasar muchedumbres de peregrinos que venían a visitar el cuerpo de Santiago. Gargantas de Roncesvalles por las que pasó Carlomagno, los Doce Pares y las huestes lúcidas. Dicen que el valí de Zaragoza, Suleiman Ibn Alarabí, le había llamado para pelear contra el emir de Córdoba y que luego se arrepintió, ello es que Carlomagno ni entró en Zaragoza ni venció a los moros; lo que hizo fue desmantelar los muros de Pamplona. Entró con sus bizarras huestes en son de conquista. Si solo hubiera tenido intento de pelear contra los moros, los vascones de estas tierras, cristianos todos ellos, le hubieran ayudado, pero vieron en él un enemigo a su independencia. Rodrigo Jiménez de Rada, dijo en su día, que Roncesvalles fue una victoria nacional de todos los pueblos de España, que eran acaudillados por el rey de León. Canta el romancero popular a Bernardo del Carpio como adalid de la independencia hispana, que no sufre la intromisión del emperador ni de gentes extrañas en los asuntos de nuestra patria, y tal es, de hecho, el espíritu de aquella batalla.


Sus montañas no fueron holladas por los moros, sus defensores fueron echándolos con tenacidad, de modo que a finales del S.VIII el territorio de Pamplona y la montaña, estaban regidos por señores independientes, bravos guerreros, hermanos todos, que fundaron un reino y un condado, el de Aragón. Nunca ha sido pues la antigua Vasconia, ajena a la historia de sus hermanos peninsulares. Condes de su misma sangre rigieron los destinos de la Jacetania y de Sobrarbe.

Como bien desarrolló Armando Besga, en un mundo rural, como el del primer milenio, el reino de Pamplona nació en una ciudad, esto es, nació en lo distinto: en lo heredado de Roma. Era ya en tiempos inmediatos a la invasión musulmana, una ciudad visigoda situada en la frontera con los vascones; fue la ciudad hispanocristiana que más veces se rebeló contra los musulmanes en el siglo VIII, lo cual indica la existencia de una alianza de los antiguos enemigos (Pamplona y vascones) frente a un enemigo común: el Islam. Esa alianza tuvo un carácter decisivo en la larga y compleja gestación del Reino hispano de Pamplona.

Por tanto, los orígenes hispanogodos del reino están y siempre estuvieron documentados: todo lo relativo al Derecho pamplonés y navarro se relaciona con la tradición romano-visigótica, los códices neogóticos encargados por miembros de la dinastía jimenda, utilización de la cursiva visigótica, etc…etc…etc…que para nada la hacía extraña a otras tierras hermanas como Asturias o Aragón, sino que mas bien, seguía su misma evolución.

Sancho III el Mayor, el gran monarca pamplonés, el “Rex Hispaniarum”, fue el artífice del nacimiento de los dos reinos que iban a ser llamados a cumplir el gran destino que la Providencia tenía reservado a la patria: por un lado Castilla, en la figura de Fernando el Magno (conde y padre del reino de Castilla en la figura de su hijo Sancho II) de sangre vascona como bien escribió Vizcarra Arana, y por otro lado, Aragón, en la figura de Ramiro su primer monarca y de sangre vascona como su padre y hermano. Castilla evangelizó América, Aragón con sus naves, conquistó el Mediterráneo.

Esa fue la cosmovisión no solo del Mayor, sino de sus descendientes. De un conjunto de tribus pirenaicas se pasó a un gran reino que extendía su influencia desde tierras gallegas a catalanas. De las montañas, se había bajado a tierra llana y la expansión hacia el sur (que luego quedó ahogada por los reinos que ella misma había fundado) se hizo inevitable y deseada, recayendo en Nájera su capitalidad. El hermoso romance navarroaragonés, se asentaba y la historia del antiguo Reyno corría pareja a la de sus hermanos peninsulares, con los que luchó codo a codo, pues todos compartían ya desde siglos la misma empresa, en las Navas de Tolosa la gran batalla, si no decisiva, de la Cristiandad en Occidente.

Fue el mismo Sancho VII el Fuerte, héroe y veterano ya de las Navas, quién firmó con Jaime I de Aragón un tratado de prohijamiento o adopción, por el que se instituían ambos dos, herederos de sus respectivos reinos; tratado que no llegó a cumplirse pero que dio muestra de la poca visión individualista, pero gran visión hispana que tenía el Fuerte. Por desgracia, en este caso, el pueblo navarro es celoso de su independencia y libertades y buena parte de él no vió con buenos ojos que su reino cayera en manos del rey conquistador, quizá recordando la amarga experiencia que quedó cuando el gran Alfonso el Batallador de Aragón y de Pamplona, lego sus reinos a las órdenes militares. A partir de ahí, Navarra se convirtió a su pesar, en patio de atrás de las dinastías francesas, salvo pocas excepciones como la de Carlos III el Noble, hasta que fue recuperada legítimamente por Fernando el Católico: Tanto su esfuerzo como el de su esposa, la gran Isabel la Católica, estaba en ensanchar su imperio por el ámbito geográfico que la naturaleza parecía haberles señalado. La Hispania romana y visigótica no podía ni debía estar mutilada por ninguna de sus partes y en ello centraron sus esfuerzos.

Proyectaron varios enlaces entre príncipes de Navarra y de Castilla, planes siempre frustrados desde el lado francés. Se intentó atraer a Juan y Catalina de Albret y apartarlos de la influencia francesa, protegiéndolos de las pretensiones de Juan de Foix, señor de Narbona, que pretendía arrebatarles la Corona. El propio Luis XII apoyaba a su sobrino Gastón de Foix con pretensiones al trono navarro, pero al fallecer éste en batalla, cambiaron las cosas. El interesado rey cismático de Francia se atrajo a Navarra de nuevo a su órbita y combatió al Papa Julio II por los territorios del norte de Italia, cosa que provocó su excomunión y la de sus aliados navarros y dio luz verde a Fernando, aliado de Roma, para recuperar, que no conquistar, el antiguo Reino. A partir de ahí Navarra se incorporó a Castilla, conservando sus fueros y libertades.

Dio Navarra grandes hombres que sintieron la causa de España como propia: ahí estaba Antonio de Leiva (1480-1536) que sucedió al Gran Capitán al mando de las tropas españolas en Italia; Rodrigo de Narváez; Pedro Vereterra, roncalés, célebre en las guerras de Italia; Pedro de Ursúa, baztanés y fundador de Tudela y Pamplona en Nueva Granada y explorador del Dorado y Omagua con 500 españoles; Francisco Espoz y Mina, azote de franceses en la Guerra de Independencia.

Dio grandes cronistas medievales como Rodrigo Jiménez de Rada, arzobispo de Toledo; Martín de Azpilicueta, maestro en materias morales; buenos médico como Juan Huarte; Fray Diego de Estella, notable escritor místico. Nacido en Tudela, Miguel Server gran médico y heterodoxo, quemado en Ginebra por el protestante Calvino; Don Juan de Palafox; San Francisco Javier, apóstol que él solo vale por 1000; Hilarió Eslava, maestro y compositor de música religiosa; Julián Gayarre, de voz maravillosa e ideas políticas detestables; Santiago Ramón y Cajal el más célebre premio Nobel español oriundo del enclave navarro en tierra aragonesa Petilla de Aragón, Pablo de Sarasate, el gran violinista; el autor de grandes zarzuelas, Emilio Arrieta y tantos y tantos otros que han engrandecido la tierra navarra y han dado nombre a España.
Reke Ride

viernes, 4 de septiembre de 2009

Ejemplos perennes contra el laicismo


Pamplona, 1 septiembre 2009. El número 613 del quincenal navarro católico Siempre p'alante publica el siguiente artículo de José Ulíbarri, muy relevante para la Campaña contra el laicismo.

MEMORIA DE DOS NAVARROS VALIENTES

El diario ABC de 10-VIII-09 publica unas declaraciones del Ministro de Justicia, Caamaño, anunciando, suavemente, que con la nueva Ley de Libertad Religiosa que propondrá en los próximos meses, se retirarán los crucifijos de las escuelas públicas. Ya el 4-VI el mismo diario publicó unas declaraciones suyas análogas (Vid. SP de 1-VII-09). Se ve que cautelosamente, sin demasiadas estridencias, va ambientando y destilando la cosa, ya decidida. El mismo diario empieza el día siguiente, 11-VIII, a publicar réplicas, pero más poéticas que disuasorias. Es una vieja cuestión. Por eso, por analogía, conjeturamos que paralelamente, los Judas del mal menor, estarán preparando comunicados "lamentando profundamente" que no se tengan en cuenta "las raíces" de la cultura española inspiradas en el "humanismo cristiano". O que estarán asegurando, cínicamente, que eso no tiene nada que ver con el "laicismo positivo" que el presidente francés Sarkozy propuso, para Francia, al Papa Benedicto XVI, en El Elíseo el 13-IX-08, y que nosotros no aceptamos para España.

La Memoria Histórica da para mucho. Hoy extraemos de ella dos figuras ejemplares del pueblo navarro: don Francisco Echeverría y don Amadeo Marco Ilincheta.

Don Francisco Echeverría era un oficial del Ejército del Rey Don Carlos VII, superviviente en 1932 de la tercera guerra carlista y que vivía su ancianidad retirado en el pueblo de El Pueyo, próximo a Pamplona. La Segunda República mandó retirar el Crucifijo de la escuela pública del pueblo, contando con la sensata colaboración de los Judas del mal menor locales. Éstos organizaron una pequeña procesión de "desagravio" para llevar a la iglesia el Crucifijo que descolgaban de la escuela. Pero en una esquina del trayecto se toparon con la figura erguida, alta y delgada del vecino don Francisco Echeverría que vestía un uniforme de pana marrón con botones plateados y que desenvainando y blandiendo un enorme sable de época gritó: "¡Atrás! ¡Donde haya un voluntario de Carlos VII no se quita el Crucifijo de la escuela". Los Judas del mal menor se asustaron, volvieron grupas, repusieron el Crucifijo en la escuela y asunto terminado.

Don Amadeo Marco Ilincheta era en 1932 alcalde de su pueblo, próximo a Ochagavía. Empezó a recibir reiterados oficios del Gobernador Civil ordenándole quitar el Crucifijo de la escuela del pueblo. No hizo el menor caso. Hasta que un día llegó a la puerta del Ayuntamiento un automóvil con tres paisanos que se identificaron como policías y que iban a retirar los crucifijos de la escuela. Don Amadeo llamó a grandes voces al alguacil y a otro, y les dijo que subieran al desván a por unas cuerdas que había allí y las bajaran para ir al río a colgar a aquellos visitantes. Éstos, en cuanto oyeron esto, sin articular palabra, volvieron a su automóvil y huyeron. Asunto terminado. Poco después, Amadeo fue capitán de Requetés del Tercio de Montejurra y ganó la Medalla Militar Individual. Hacia el final de su vida fue Vicepresidente de la Diputación Foral de Navarra. Todo esto me lo contó él mismo comiendo, por cierto que estupendamente bien, en Casa Otano.

Nota del blog Lealtad

Es necesario recordar el ejemplo, también en Navarra, de la delegada de Margaritas en el Reino de Navarra, doña Dolores Baleztena. Cuando los funcionarios del Gobierno de Civil retiraron con nocturnidad y alevosía los Crucifijos de los colegios organizó una protesta consistente en que todos los niños del Viejo Reyno llevasen colgado al cuello un Crucifijo de notables dimensiones, mostrado ostensiblemente como desagravio ante la impiedad cometida, dando el pueblo pública demostración de su inquebrantable Fe Católica.

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viernes, 10 de octubre de 2008

A vueltas (liberales) con los Fueros

La Vanguardia, periódico barcelonés de máxima difusión nacional, que durante cuarenta años cantó las excelencias del franquismo nos trae hoy una serie de comentarios disparatados que pretenden ser un artículo de actualidad en el que salen malparados el Carlismo y los Fueros.

Resulta asombrosa en primer lugar la frivolidad con que se pretende identificar a UPN con el Carlismo. Lamentablemente algunos sedicentes carlistas han contribuido a esta confusión, pidiendo el voto a UPN (al igual que hacen en el resto de España para el PP) como aceptando cargos políticos de gobierno en Navarra. Si bien es cierto que entre los grupos que concurrieron a formar UPN había carlistas y que buena parte de las bases militantes, votantes e incluso no pocos concejales (especialmente en los pueblos de Navarra con mayor presencia de nacionalismo terrorista) de UPN sí podrían englobarse dentro del carlismo sentimental o vivencial (preferimos dicho término al confuso y pretenciosamente científico de “sociológico”) resulta soez identificar a sus cargos de gobierno y dirigentes actuales con el Carlismo. Si algún antecedente ideológico tienen es el llamado fuerismo liberal, que representó en Navarra Juan Yanguas Iracheta. Con toda la carga contradictoria que eso representa. El fuerismo liberal es una ilusión, un postizo del verdadero fuerismo, que se circunscribe dentro de todo el ente moral de la Tradición Española. Y en esa ambigüedad milita UPN. Pero de tradicionalismo o de carlismo nada de nada.

Los fueros navarros, patrimonio de España, se han conservado tradicionalmente por dos hechos: su fe católica y su valor militar. Navarra signa el Viejo Fuero General sus principios generales “en los del Derecho Natural”, señalando en el Fuero Nuevo que "son contrarios a Fuero no solo las disposiciones que se opongan a las costumbres y leyes de Navarra, sino también todas las que contradigan sus principios generales y las que vulneren la tradición religiosa en las que aquéllas siempre se han fundado". Realeza de Nuestro Señor Jesucristo y Tradición sin las que los Fueros devienen en una ley más del estado autonómico. De hecho el falso régimen foral actual (el de los fueristas liberales) es material y formalmente una Ley Orgánica, otorgada por el poder central con leves reminiscencias de las verdaderas autarquías regionales que se daban cuando las sociedades estaban bien estructuradas y jerarquizadas. No podía ser de otra manera, pues aceptando la Constitución se rompe con la tradición política de las Españas. ¿Cómo conciliar el régimen foral con la omnipresencia de un Estado burocratizado e ideologizado que se inmiscuye hasta en todos los ámbitos de legítima libertad personal y familiar? UPN podría ser una protesta foral, pero ha optado por configurarse en el contubernio caciquil regional de turno. Que no se mezcle la componenda de los liberales navarros y el gobierno cipayo socialista con el sagrado nombre y trayectoria del Carlismo.
NAVARRA LEAL, NAVARRA FORAL

sábado, 7 de junio de 2008

Lodos de la transición...

Ante la próxima embestida del separatismo contra Navarra a través de las pretensiones anexionistas del presidente del gobierno autónomico de las Vascongadas, Juan José Ibarreche, procede hacer una reflexión y un ejercicio de verdadera memoria histórica. Del desastroso planeamiento territorial de la constitución de 1978 vienen estos lodos. Tras ocho años de gobierno del PP, contando incluso con mayoría absoluta, y tras doce años de gobierno falsariamente foralista de UPN estamos en la misma coyuntura derivada de la constitución de 1978, amparada y proyectada por los epígonos del franquismo y firmada y promulgada por el sucesor del mismo General Franco. El Carlismo identificó desde el primer momento el problema y lo denunció, sin alterar su postura. Sirva este documento de 1978 para dar fe de la misma. Los partidos del sistema no puede ser alternativa ni se puede aguantar por más tiempo que se oponga la constitución del 78 al proceso de descomposición nacional. Solo en la Tradición, Esperanza de España, reside la solución ante los problemas actuales.
(Pulsar sobre las imagenes para ampliar)




martes, 5 de junio de 2007

NAVARRA: ALTA TENSIÓN POR CULPA DEL MAL MENOR



La situación generada en Navarra tras las falsas elecciones «forales» (realmente autonómicas, pues el sufragio universal no es más que una repugnante expresión del derecho nuevo antiforal) nos lleva a plantearnos varias consideraciones.


La ilegalidad del propio proceso electoral, desde la pura óptica legalista

Se ha permitido la presencia de la banda terrorista ETA en las elecciones, tanto a través de la marca ANV, continuadora de Batasuna, como a través de la marca «blanda» Nafarroa Bai, compuesta por colaboradores de la banda —marxista, separatista y de ideario progresista—; lo cual no ha sido óbice para que forme parte de la misma el minúsculo y conservador PNV navarro.

Nafarroa Bai forma parte de la estrategia criminal del terrorismo etarra; comparte sus objetivos políticos, y coadyuva desde las instituciones a la consecución de los mismos, promoviendo una colaboración discreta con ETA. En Navarra -como en Vascongadas- la actividad terrorista de ETA y de sus brazos políticos ha sesgado significativamente el censo electoral en su propio beneficio, obligando a muchos navarros no nacionalistas vascos a abandonar su tierra en busca de mejores condiciones para la libertad.

La Fiscalía General del Estado (contradiciendo las indicaciones puramente legalistas del Tribunal Supremo) realizó un cálculo puramente político y facilitó la unificación del voto del imperialismo panvasquista. De ese cálculo forma parte la presencia de ANV en lugares estratégicos, como parte más evidente y «dura» del entramado etarra, y como coartada para allanar el camino al pacto regional entre Nafarroa Bai y el PSOE; permitiendo al mismo tiempo que los terroristas conserven o recuperen el poder en pueblos pequeños, donde la coacción se hace más fácil.

Tenemos constancia de que en Navarra se ha votado con el llamado DNI vasco, según ordenó Batasuna, contradiciendo expresamente la prohibición de la Junta Electoral Central. Los votos nulos que recibieron Nafarroa Bai y ANV se han contado como válidos. La presencia legal de los etarras además ha fortalecido la extorsión, las coacciones y las amenazas que han llegado a las propias mesas y colegios electorales, impidiendo efectivamente el tan cacareado voto libre.

La ruptura del ficticio «alto el fuego» (durante este tiempo han sido asesinadas tres personas por la banda terrorista y la extorsión, la violencia callejera y la intimidación han estado a la orden del día, particularmente en Navarra), justo después de las elecciones, supone un aumento directo de la coacción contra la libertad del viejo Reyno.


El fracaso de las tácticas moderadas y malminoristas de UPN

Si bien en los orígenes de UPN pudo haber algo de buena voluntad para enfrentarse al nacionalismo imperialista vascongado, el liberalismo esencial de la llamada Unión del Pueblo Navarro y su actual deriva han hecho cundir el desánimo entre sus seguidores. La indigna actuación de las direcciones del PP y de UPN tiene la culpa de la situación actual. No promovieron, cuando tuvieron ocasión (sobre todo durante el período de mayoría absoluta) la derogación de la Disposición Transitoria 4ª de la Constitución de 1978, aunque sólo se trataba de una reforma constitucional de carácter ordinario, que no hubiese requerido siquiera la disolución de las Cortes.

Tampoco UPN/PP ha querido poner coto al adoctrinamiento imperialista. Ha permitido las emisiones de ETB en Navarra (al igual que el PP permite la emisión de TV3 en los reinos de Valencia y de Mallorca); ha homologado las enseñanzas del artificial «euskera batua» (a través, entre otros, de las escuelas de AEK, parte del entramado terrorista de ETA); ha consentido que ondee en edificios oficiales la «ikurriña», mientras perseguía la bandera de Navarra con la Laureada; etcétera


Lo que se nos viene encima

La situación actual es extremadamente grave, pues puede desencadenar la instauración en Navarra de la dictadura del imperialismo nacionalista vascongado. El grueso de los votantes del PSN-PSOE procede de la Navarra no euskaldún, mientras que Nafarroa Bai en sus estatutos aspira a imponer únicamente el invento del «euskera batua» (recordemos que incluso las variantes navarras del vascuence auténtica son minoritarias en el Viejo Reino). Sin embargo, los pactos para establecer un Gobierno de la izquierda (aunque UPN/PP nunca se haya opuesto a las principales «ideas fuerza» de la izquierda: aberrosexualismo, «memoria histórica», etc.) entre las fuerzas menos votadas arrastrarán a Navarra a la fabulación nacionalista.

No debemos aceptar hechos consumados, por lo que sería conveniente prepararse a luchar por la restauración de la verdadera Diputación Foral de Navarra, en el marco de las Españas.